La Creator Economy (II)

De pasión a imperio.

Antes de nada, tengo que decir que las próximas semanas es posible que esta newsletter pase por una pequeña pausa técnica. No he decidido todavía si pasará a ser quincenal o, simplemente, cambiaré un poco el formato para dar con uno que me lleve menos tiempo pero la realidad es que, en estos momentos, escribirla me está llevando más horas de las que puedo permitirme.

He llegado a un compromiso serio conmigo misma para tener una serie de proyectos acabados (o bastante avanzados) en las próximas semanas y, aunque he intentado compatibilizarlo todo lo posible, la realidad es que escribir esto cada semana me lleva al menos dos días casi enteros de mi tiempo. Dos días que necesito ahora mismo para poder sacar adelante otras cosas, todas ellas relacionadas con este proyecto y en hacerlo crecer y hacerlo mejor.

Una parte de esta edición habla de eso, sobre el compromiso para hacer crecer los proyectos en los que creemos, así que puede que se entienda mejor leyéndolo. Seguiré aquí, sólo que con menos intensidad durante unos días.

Y, como experimento, también estaré en este canal de Telegram que probé a abrir el otro día para tener una manera alternativa de mantener el contacto sin tener que pasar siempre por el buzón. Te espero allí si te apetece pasarte a hablar :)


✨ La Creator Economy

En Passion Econommy (I) hablé sobre la Gig Economy y cómo, aunque empezó como un movimiento prometedor para todas aquellas personas que querían ser "dueñas de su tiempo" acabó siendo una forma diferente —quizás más poética— de intercambiar tiempo por dinero, de encadenar a los trabajadores a horarios y turnos imposibles y que sólo dio lugar a empleos muy estandarizados y poco o nada satisfactorios para los trabajadores.

En esa misma época, el modelo por el que los creadores de contenidos en plataformas como Vine, Youtube o Spotify intentaban ganarse la vida, se resquebrajaba por la falta de visión de las empresas tecnológicas para dar a los creadores —y principales usuarios de sus aplicaciones— opciones para poder monetizar los frutos de su trabajo.

El surgimiento de nuevas herramientas centradas en el creador, la normalización del teletrabajo y el avance de la tecnología, ha provocado una nueva ola, una nueva economía que, esta vez si, pone al creador en el centro de todo, facilitándole todo el proceso desde que crea algo de la nada hasta que construye un negocio a su alrededor.

🌈 Del hobbie al negocio

El término "Passion Economy" caló de una manera muy profunda cuando fue acuñado en 2019 por Li Jin porque, de alguna manera, ponía por primera vez encima de la mesa la posibilidad de que no sólo los creadores de contenido pudieran rentabilizar lo que hacían, sino que ampliaba esta promesa a cualquier persona capaz de combinar sus habilidades, su pasión y su marca personal. Ya no era sólo un néctar reservado a profesionales comúnmente asociados al audiovisual o entretenimiento general (youtubers, bloggers, músicos...) sino que el espectro se ampliaba para incluir a todas aquellas personas que sintieran que podían llevar más allá sus habilidades, aprovechando la descentralización y el auge de las plataformas para ello.

Pero a la vez, planteó una duda. ¿Qué tiene que tener realmente una persona para ser considerada un Creador en esta economía? ¿Alguien haciendo pasteles en su casa o dando clases particulares de canto entraría dentro de la categoría de Creator con mayúscula?

Aunque muchas veces se usan indiscriminadamente, me gusta pensar que existe un pequeño matiz entre la Passion Economy y la Creator Economy, en el que la segunda es una consecuencia o derivado de la primera. No existiría una economía que pusiera en el centro al creador si no se hubiera detectado la necesidad de estos creadores de empezar a hacer de esa pasión algo rentable.

Y, para empezar a hacer prosperar una nueva economía alrededor de un término, es útil poder darle una definición; crear un marco de entendimiento común que ayude a identificar a estas personas para poder construir entidades que les apoyen.

Un Creador, en esta nueva economía, es aquella persona que decide escalar sus habilidades para convertirlas en un negocio. Y esto incluye a más personas de las que podamos pensar.

La semana pasada decía que, cuando creas algo y pones el tiempo y el esfuerzo en que ese algo tenga valor, sea útil, te satisfaga a tí y a quien pueda disfrutar de ello —aunque no seas consciente de ello— en realidad estás adoptando una mentalidad de negocio.

Creas algo de la nada e inviertes tiempo y ganas en hacerlo crecer, en hacerlo mejor. Escuchas a las personas que lo usan o consumen y usas su feedback para saber por dónde avanzar. Planificas de manera consciente el tiempo y los recursos que vas a dedicarle. Estás sentando las bases de algo que tiene potencial para crecer y convertirse en un proyecto serio, tu proyecto.

Y, en ese proceso, hay un punto de no retorno en el que te das cuenta de que el proyecto merece la pena lo suficiente como para dedicarle más, porque quieres que llegue a más gente, porque quieres que la experiencia de esas personas sea mejor, porque tienes las capacidades y la pasión para hacerlo. Un Creador es el que coge todo eso y decide escalarlo. Usa su individualidad y las herramientas a su disposición como palanca para llegar más lejos, establecer cimientos más sólidos y crecer.

Si crees en tu proyecto y en sus posibilidades, no basta sólo con hacer, generar más contenido de manera infinita. Si lo que quieres es tener impacto, tienes que escalar. Tienes que hacer algo con ese output para que pueda llegar a más gente.

Esto es lo que diferencia a los que se mueven en la Creator Economy de aquellos que se quedan en la Passion Economy. En el momento en que alguien decide ponerse al otro lado y pasar de mero consumidor de lo que hacen otros, a ser él el que crea su propio "imperio", se convierte en un player más de este ecosistema.

🖍 El Toolkit del Creador

Aunque trabajadores por cuenta propia, creadores de contenido y otras figuras freelance llevaban intentando rentabilizar sus habilidades desde la Gig Economy, la chispa que hace prender este nuevo movimiento es la puerta que abren las nuevas plataformas digitales a que los creadores puedan —ya no sólo crear y construir una audiencia— sino apoyarse en ellas para convertir estas habilidades o conocimiento en un negocio o, al menos, en una fuente de ingresos.

Esto ha provocado una auténtica carrera en los últimos meses en la que las plataformas más mainstream de distribución han ido incorporando cada vez más funcionalidades de monetización. Lo que hace unos años era impensable, cobrar directamente por el contenido, ahora se ha normalizado. Lo que antes podía llegar a ser una excepción (donantes aislados invitando a algún café esporádico a sus creadores favoritos) pronto se habrá convertido en la norma.

Merece la pena preguntarse sobre las posibles consecuencias de que en cada red social exista un botón para pagar. En qué estado puede acabar internet si cada interacción de un creador con su audiencia se convierte en un intercambio de servicios, qué escenario digital puede llegar a generarse si todo empieza a hacerse a cambio de una recompensa económica.

Pero ya habrá tiempo para la reflexión sobre la responsabilidad de los creadores en esta nueva economía. Ahora volvamos a lo práctico y a la figura del Creador, sus habilidades y de qué manera puede usarlas para crecer.

El Creador y su singularidad

Una de las consecuencias directas de esta pequeña revolución que busca empoderar a cualquiera que tenga algo que aportar al mundo es, inevitablemente, la explosión de posibilidades y la revalorización de la creatividad. Según vayan surgiendo más y más opciones de negocio, se le dará más valor a lo específico, a la especialización y lo nicho.

En otras palabras, y por volver a la idea de la capitalización de la individualidad, en una economía tan accesible a todo el mundo, en la que cualquier persona que tenga una habilidad va a querer rentabilizarla, aquellos capaces de explotar sus características únicas y convertirlas en una verdadera propuesta de valor para sus audiencias, serán los que encuentren mayores recompensas.

No es una economía basada únicamente en el talento, los conocimientos técnicos o la especificidad del contenido, sino un movimiento que recompensa las características únicas de la persona; su experiencia combinada con sus intereses más profundos y su aproximación particular a esa temática.

En un ecosistema en el que el número de islas de interés es potencialmente infinito, el valor diferencial eres tú.

El Creador y su comunidad

Si el aspecto diferencial de un Creador es precisamente como usa su excepcionalidad para posicionarse, lo natural es que los proyectos que puedan surgir de los mismos estén apoyados por personas que sientan un nivel de conexión mayor con ellos que el que podrían sentir con cualquier gran empresa.

Son proyectos definidos por una historia personal, una voz especial, una serie de símbolos, anécdotas o lenguaje que conecta a mayor profundidad con aquellos que le escuchan, hasta el punto de convertirse en una tribu, en una comunidad de personas unidas en parte por esta simbología, por aspiraciones compartidas.

El arma secreta de un creador es y será siempre su habilidad para crear relaciones con esas personas y, a través de la confianza y de su capacidad para reunirlos bajo un interés común, construir espacios de inquietudes y deseos compartidos que trasciendan el mero hecho de generar contenido. El tweet, el video, el curso deja de ser importante, la clave pasa a ser las relaciones que hayan podido crearse a través de la experiencia.

Los Creadores en grupo

Combinar la influencia individual con plataformas perfectamente diseñadas para la distribución a gran escala hace que sea, a priori, más fácil que hace unos años el poder construir un negocio basado en esos pilares. A la vez, no debemos subestimar la importancia de las redes profesionales que se crean dentro de una empresa, tanto para el crecimiento de esta como para el desarrollo personal y profesional de los mismos trabajadores.

Igual que en los entornos de innovación se apuesta por la colaboración para llegar a las ideas más disruptivas, en la Creator Economy la colaboración entre creadores es un factor importante de crecimiento.

El hecho de poder hacerlo sólo no quiere decir que tengas que hacerlo sólo.

La historia ha demostrado que, cuando en un lugar y en un momento determinado se juntan un grupo determinado de personas, ocurren los mayores puntos de inflexión. La Antigua Grecia, la Ilustración, la Revolución Industrial o Sillicon Valley son sólo ejemplos de escenarios en los que el impacto de la combinación de artistas, científicos o pensadores trascendió las fronteras físicas y temporales, dando lugar a nuevas formas de pensamiento.

Gracias a internet y a su capacidad para reunir ideas y personas, para generar más conocimiento interconectado y ampliarlo a través de las redes de colaboración surgidas de intereses comunes, se plantea por primera vez en la historia la posibilidad de romper esa restricción geográfica y de conectar así a personas con las mismas inquietudes, las mismas aspiraciones y mentalidades para llegar a hacer el mejor trabajo de sus vidas juntos, independientemente de la distancia, la edad o la condición social.

Las nuevas plataformas que devuelven el poder a las personas, su capacidad para construir comunidades alrededor de valores compartidos y su voluntad de impactar a gran escala colaborando en iniciativas y proyectos comunes abren una ventana a nuevas formas de crear, de colaborar, de pensar o de construir juntos.

Un nuevo Renacimiento trasladado al mundo digital, con todas las posibilidades que eso plantea.


Tiempo en escribir esta newsletter: 6,5 horas
Foto de cabecera: Andy Holmes


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