La Passion Economy (I)

Origen, características y players.

Llevo tiempo mencionando en diferentes sitios la Passion Economy (y/o la Creator Economy, de esta distinción también hablaremos) y cómo es un tema que me interesa bastante, por todas las ramificaciones y posibilidades que le veo. Tengo muchos feelings sobre el tema que quiero poco a poco ir volcando aquí de una manera más o menos ordenada, pero antes he visto necesario sentar unas mínimas bases de lo que es, de dónde surge y cuáles son los players esenciales en ella.
Va a ser algo más informativo, pero según vayamos avanzando en el tema seguro que se van colando más reflexiones. Let's get to it!


La Gig Economy

Después de la crisis de 2008 en Estados Unidos, el mercado laboral sufrió una revolución que llevó a nuevos modelos de trabajo, soportados por internet y las nuevas plataformas digitales. Aumentó el trabajo independiente y surgieron formas alternativas de contratación. Fue lo que se conoció como la Gig Economy, ("Economía de los Bolos") llamada así por su semejanza a los "bolos" en el mundo de la música o la interpretación, esas actuaciones aisladas que permiten a los artistas sacarse un dinero extra entre giras o temporadas.

Partiendo de esta idea, la Gig Economy dio a los trabajadores la posibilidad de tener contratos de trabajo esporádicos y de duración reducida, pero totalmente independientes de una oficina y, en la mayoría de los casos, con alta flexibilidad horaria. El surgimiento de plataformas como Uber, Deliveroo o Fiverr permitían a las personas monetizar su tiempo a cambio de servicios como transporte, food delivery o diseño gráfico.

La promesa de este modelo de trabajo era la posibilidad, por parte del trabajador, de lograr una mayor conciliación entre la vida laboral y la personal, con total libertad para elegir proyecto, horario o agenda.

La realidad, sin embargo, es que el modelo requería que los trabajadores estuvieran al pie del cañón continuamente para poder realmente generar ingresos suficientes para vivir. Detrás del canto de sirena del "sé tu propio jefe", se encontraban trabajos muy estandarizados, con poca o ninguna especialización y resultados bastante unidimensionales, además de ser totalmente dependientes del tiempo; estas personas estaban en su mayoría encadenadas a horarios imposibles, continuamente pendientes de la siguiente oportunidad para sacar algo de dinero extra que ir sumando día tras día para llegar a fin de mes.

Esta dinámica provocó en el ecosistema un ciclo destructivo en el que estos trabajadores independientes debían de estar constantemente compitiendo entre ellos por los precios, rebajándolos cada vez más hasta conseguir la devaluación total de su trabajo y del sector; las empresas cada vez pagaban menos por ese tipo de trabajo y, como consecuencia, los freelances tenían que trabajar cada vez más horas para conseguir beneficios. A largo plazo, era un modelo en el que los trabajadores autónomos no podían ganar; sólo los negocios más grandes y establecidos eran capaces de soportar semejante presión de precios.

Crisis y caída de la primera Creator Economy

Más o menos por aquella época, a comienzos de los años 2010, el porcentaje de Youtubers que podía ganarse la vida de su contenido en la plataforma, a través de publicidad y contenido patrocinado —sólo disponible para los más populares o los influencers con más éxito— no era muy superior a un 1%.

Las redes sociales en las que los creadores pasaban las horas invirtieron mucho en la distribución de sus contenidos, pero fallaron a la hora de tener en cuenta el modelo de negocio de sus usuarios. Se olvidaron por completo de introducir la monetización en la ecuación. En la primera mitad de la década de los 2010, cada nueva red social que surgía y que servía a los creadores de contenido como canal de distribución (Instagram, Vine, Snapchat...), lo hacía sin ninguna funcionalidad de monetización nativa. Puesto que la competencia no lo requería, ninguna tenía la necesidad de integrar esta vía de recompensa para los creadores.

Esto provocó que, durante esta época, la mayoría de los creadores en estas plataformas dieran todo lo que producían sin encontrar ningún tipo de recompensa económica. El fruto de su trabajo se acabó devaluando y en el imaginario colectivo se acabó instaurando la idea de que el contenido que encontraban en estas redes sociales debía ser gratis by default.

Tanto la Gig Economy como esta primera Creator Economy, impulsadas en su día por la promesa de la descentralización y el surgimiento de nuevas plataformas digitales, fallaron en el mismo punto. Se olvidaron por completo de la persona que prestaba los servicios o que creaba el contenido.

Fue entonces cuando empezaron a surgir herramientas que pusieron encima de la mesa la posibilidad de que estos trabajadores pudieran encontrar maneras alternativas de ganar dinero con lo que ya estaban haciendo, bien ofreciéndoles una manera directa de monetizar sus audiencias (como Gumroad o Patreon) bien dándoles la posibilidad de crear una relación con ellas (Shopify o Convertkit), cambiando así totalmente las reglas del juego.

La Passion Economy

Este nuevo ecosistema deja atrás por completo el concepto de "gig economy", desasociando el dinero de las horas trabajadas, y pasa a ser una economía basada en que sea el propio individuo el que consiga rentabilizar su talento y construir un negocio que le permita vivir de sus habilidades.

Es un ecosistema, por lo tanto, soportado por dos grandes pilares clave que se entrecruzan; la individualidad potenciada por la marca personal y cómo las nuevas plataformas pueden ayudar a capitalizarla.

1. La capitalización de la individualidad

La Passion Economy está basada en que sea el propio individuo el que consiga vivir de sus habilidades. Para ello, la diferenciación es clave. Aquello que te hace diferente se convierte, por primera vez, en una feature. Es lo que ayudará a que, con el tiempo, puedas construir una audiencia que te respete, confíe en ti y vuelva cada vez que necesite tus servicios.

💡 Oportunidad: Las nuevas plataformas surgidas con este mindset en mente serán capaces de aprovechar la diferente personalidad y especialización de sus usuarios para convertirlo en un punto a su favor a la hora de ofrecer esos contenidos a los consumidores. Un ejemplo de estos son los marketplace educativos como Outschool o Skillshare, donde profesores con todo tipo de inquietudes y habilidades pueden subir sus clases sin importar la temática de las mismas. Esto se convierte en un valor añadido para los estudiantes ya que la oferta formativa aumenta y tienen, además, la posibilidad de ver todas las clases del mismo profesor. Con el tiempo, esto puede ayudar al creador a ir construyendo una audiencia propia a la que de otra manera no habría podido acceder.

2. Soporte para fundadores

Cuando creas algo y pones tiempo y esfuerzo en conseguir que sea lo mejor posible, estás realmente pensando en tu negocio, aunque muchas veces no seas consciente. La planificación de los contenidos, la gestión de la lista de correo, las sesiones creativas para dar con los mejores conceptos.. todo son pasos para que lo que empieza como un side project pueda potencialmente convertirse en un negocio rentable o quién sabe si en el proyecto de tu vida.

💡 Oportunidad: Si los creadores son los nuevos fundadores, las plataformas creadas en este entorno tienen una oportunidad para llegar a esas personas y solucionar los problemas que puedan encontrar a la hora de poner su negocio en marcha. Estas nuevas herramientas, ya no se monetizan a través de la publicidad, sino a través de fees que van subiendo según aumenta el grueso de la audiencia. Esto supone un nuevo cambio en el modelo; el éxito de la plataforma está asociado al del creador, por lo que harán lo posible por ayudar a estas personas a hacer crecer su audiencia y a mantenerla, ya sea con formación, herramientas de marketing o programas de afiliados. Así, encontramos plataformas como Kajabi, que ofrece formación a sus usuarios desde Kajabi University, o Substack Bridge, un programa de mentoría que junta a escritores emergentes con aquellos ya establecidos para ayudarles a crecer.

3. Valor añadido a través de productos digitales

Más audiencia no siempre significa más dinero. Una persona difícilmente puede vivir exclusivamente de donaciones puntuales y —si tus ingresos dependen enteramente de tu audiencia y de lo dispuesta que esté esta a pagar por tus servicios o productos— se hace inevitable pensar en maneras de añadir más niveles de valor a aquellas que quieran ir un paso más allá y contratar un producto mucho mejor.

💡 Oportunidad: En este sentido, las plataformas juegan un papel importante permitiendo a los creadores ofrecer distintos y mejores añadidos a su oferta en función del dinero que paguen. Pertenencia a una comunidad gracias a Discord o Circle, poder descargar templates o plantillas para una formación específica gracias a Gumroad, cursos premium en Podia o acceso directo al mismo creador gracias a herramientas como Cameo o Loop.

4. Entornos de colaboración y comunidad

En la Passion Economy tienen cabida formas de trabajo nunca antes vistas. La gente vende resúmenes de podcasts, sesiones de Q&A, recopilaciones de herramientas o contenido en forma de suscripción. Es un juego en el que puede participar cualquiera que tenga algo que poner ahi fuera. Esto ha provocado un aumento de influencers mucho más allá del mundo de la moda o la belleza, sino en el campo de las finanzas personales, la jardinería, la costura creativa o el ajedrez.

💡 Oportunidad: Allá donde hay gente e intereses comunes, surgen oportunidades para la colaboración y, en muchos casos, estas colaboraciones provocan mayor crecimiento a todos los niveles. Crear contenido colaborativo es una oportunidad para la promoción cruzada, pero también para aprender unos de otros, nutrirse del conocimiento colectivo y generar nuevo y mejor contenido que enriquezca tanto a los creadores como a su audiencia. Las plataformas pueden incorporar mecanismos que ayuden a conectar a creadores entre sí, ofreciéndose apoyo y educación entre ellos y ayudando así a hacerles mejores profesionales. Pero además, empezarán a surgir herramientas destinadas a facilitar estos nuevos modelos de colaboración, como Stir, que ayuda a gestionar pagos entre colaboradores.

Conclusión (por ahora)

La Passion Economy está permitiendo que personas que hasta ahora dependían de su tiempo y localización para ofrecer sus servicios, puedan generar ingresos gracias a su talento y conocimientos. Las nuevas herramientas (muchas de ellas NoCode) que han surgido y seguirán surgiendo facilitan a toda persona que tenga algo que ofrecer de manera pública el poder hacerlo de manera sencilla y accesible al mundo entero. Nunca antes había sido tan fácil crear algo y nunca antes había habido tantas facilidades para hacerlo crecer.

Lo que eso significa, las posibilidades que tiene y hacia dónde puede avanzar, lo veremos según andemos. Yo por ahora hago la primera parada aquí :)

👉🏻 Ya disponible la 2ª parte: La Creator Economy (II). De pasión a imperio


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Vinicius Amano


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